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domingo, 19 de diciembre de 2010

:: El verdadero amor ::



“Tu vida no está completa hasta que encuentras a tu media naranja”.
“Nadie es completamente feliz, ni se puede sentir realizado como persona hasta que no comparte su vida con su verdadero amor”.
“Si no encuentras pronto el amor, se te pasará el arroz y estarás sol@ para siempre”.


Supongo que estas frases te sonarán. Quizás las hayas oído alguna vez, o puede que incluso las hayas pensado.
Las personas somos criaturas a las que nos gusta (y necesitamos) vivir en sociedad por naturaleza. Y dentro de esta sociedad creamos nuestras relaciones personales: con nuestro padre, nuestra madre, nuestros hermanos, amigos… y, por supuesto, nuestra pareja.
Se supone que todos son igual de importantes y de necesarios para nosotros. Pero, en realidad, sentimos que la pareja es la persona más esencial, más importante, porque es la persona con la que pasamos el resto de nuestra vida y, por lo tanto, es a la que más queremos. Nuestra relación con ella nos permitirá sentirnos completos y realizados, ya que habremos alcanzado el principal objetivo de nuestra vida… ¿o no?

Debemos darle las gracias a personajes como esa princesa que mordió una manzana envenenada; o esa otra que durmió durante cien años antes de ser despertada por un beso de amor verdadero; sin olvidarnos, por supuesto, de aquella joven rica que hacía las veces de criada hasta que perdió un zapato de cristal.
Casi desde que nacemos la sociedad nos “socializa” y nos instruye para convertirnos en personas realizadas. Y dentro de ese aprendizaje social van incluidos ciertos roles, creencias e ideales de vida que se espera que aceptemos y cumplamos.
Puede que uno de los más importantes sea la idea de que debemos encontrar a nuestra pareja ideal. ¿Para qué? Para que nuestra vida esté completa y nos realicemos como personas, y así seamos felices. Y ahí se acaba la reflexión.
Pero… ¿realmente no es un poco triste que nuestra felicidad en la vida esté en manos de otra persona? ¿No resulta decepcionante pensar que necesitamos a otr@ para sentirnos completos? Mi opinión es que sí.
Si fuera cierto que necesitamos encontrar el verdadero amor para realizarnos, ¿entonces por qué nos dicen desde que somos pequeños que cada persona es única y especial? Es mentira. Según esta idea, cada uno de nosotros solo vale como “media persona”. Necesitamos a otr@ para ser una “persona entera”.
A todas luces se deduce la estupidez de esta idea.

Lo más triste de todo y lo que más me hace reflexionar sobre el concepto de la “media naranja” es ver cómo esta idea ha calado hondo en mucha gente.
Gente que no recibieron el amor y la atención que todo niñ@ necesita durante la infancia, se convierten en jóvenes y adultos que buscan en otros lo que no encuentran en su interior.
Tal vez estas personas tengan familia, amigos, a otras personas que de verdad les quieren. Pero nunca es suficiente. Sienten un constante vacío que les lleva a pensar que sólo encontrando una pareja (su amor verdadero) se sentirán bien.
Si tú eres una de estas personas, te aconsejo que no lo busques. Primero, porque el amor no se busca; simplemente se encuentra. Y segundo, porque si al final consigues una pareja, a la larga te sentirás tan frustrad@ y decepcionad@ como estabas antes, porque descubrirás que ese vacío sigue en tu interior. Esto solo te conducirá a almacenar más sufrimiento.
Por no hablar de que a nadie nos gustaría tener como pareja a una persona que no sabe cuidar de sí misma y quererse tal y como es. Al final, dejamos de sentir que tenemos una pareja con la que compartimos nuestra vida, para sentir que estamos cuidando de un/a niñ@ que necesita constantemente atención y protección.
La pareja, como tal, se descompensa y se encamina hacia la ruptura.

Todos somos valiosos por el simple hecho de ser personas. Y lo demás es superficial. No importa que seas más o menos list@, más o menos guap@, o si estás gord@ o flac@. Porque, después de todo, al final de la partida el peón y el rey vuelven a la misma caja.
Tenemos en nuestro interior el potencial para ser lo que queramos ser. Y, lo que es más importante, tenemos una esencia en común con todas las demás personas. Una luz pequeñita que brilla en tod@s igual, y que está más allá de todas nuestras características particulares.

Tener pareja, compartir nuestra vida con alguien a quien amamos y quien nos ama, es una experiencia muy enriquecedora y positiva para ambos. Pero no es necesaria o imprescindible.
Tener paraje es una opción individual y voluntaria. El amor debe surgir de la espontaneidad; nunca debe ser forzado o fingido, porque eso solo nos llevará a conseguir un sucedáneo barato del verdadero amor, que con el tiempo acabará haciéndonos sufrir.
Para compartir nuestra vida con alguien, primero tiene que haber algo que compartir. Si en nuestra vida lo único que hay es un fuerte deseo de encontrar pareja que lo inunda todo, ¿qué compartiremos con nuestra pareja cuando por fin la encontremos?
Aprende a valorar lo positivo que hay en tu vida. Tus cualidades, tus aficiones, tus intereses, tus relaciones…
Disfruta de cada momento bueno que vivas a lo largo del día, estando sol@ o acompañad@. Disfruta del café con tu mejor amig@, del último capítulo del libro que estás leyendo, de ese momento de paz y tranquilidad cuando te echas a dormir después de un largo día, de la risa de un niño, de la luz del sol desapareciendo por el horizonte…

Si hay algo seguro en la vida es que llegamos solos y nos vamos solos.
Aprende a disfrutar de tu propia compañía, a cultivar tus cualidades e intereses, para luego poder compartirlos con los demás.
Tú eres el/la protagonista de tu propia vida, y cada día es una nueva oportunidad para aprender y disfrutar lo que ésta te ofrece ( sol@ o en compañía :) ).

jueves, 1 de julio de 2010

:: Hasta el final ::



“Isabel… ya he conseguido darte de comer con esa jeringuilla… no sufras más. Tranquilízate, que ahora te sentaré y pasaremos la tarde juntos. Hace ya tres años que no puedes hablar ni moverte. Últimamente te siento lejos… Por eso continúo hablándote, aunque nunca sepa hasta qué punto me entiendes…

Ahora ya no están todos los proyectos de futuro que compartimos, ese universo propio que nos mantenía unidos. Estás conmigo, pero a veces me siento perdido: eras mi confidente, mi apoyo, el motor de mis ilusiones. Sí… aquel día de enero –hace ya tres años y medio- en que me preguntaste quién era yo, ese universo nuestro estalló en mil añicos. Tú sabes que yo nunca he sido un hombre débil…, pero lloré. Ese día comprendí que no podía dejar que te fueras poco a poco…

Todo empezó aquel mes de mayo de 1990 en que estabas tan rara, ¿te acuerdas? Se te olvidaban los recados, te perdías en la calle, no traías las vueltas de la compra, cruzabas los semáforos en rojo… Estabas muy nerviosa, pero hacías esfuerzos por ocultarnos todos estos despistes que te humillaban. ¡Claro! A tus 55 años eras una de las secretarias mejor consideradas de aquella multinacional alemana. Una mujer inteligente, con carácter, siempre perfectamente arreglada desde las ocho de la mañana, con esos tacones que a mí me parecían altísimos para ir a trabajar. Nuestros hijos, Álvaro y Manuel, me decían que podrías tener alguna carencia vitamínica, o la menopausia, o algo así. Estábamos un poco preocupados, pero se acercaba el verano, y queríamos comprar aquella casita en la playa. ¡Tenías tanta ilusión…! Por las noches, cuando nos metíamos en la cama, me decías que querías soñar que paseábamos los dos, cogidos de la mano, playa arriba, playa abajo…

En septiembre, todo se precipitó: había que renovar tu carné de conducir, y no querías ir. Te resistías como gato panza arriba. Al final, te llevamos casi a rastras, y cuando te tocó firmar, con la mano temblorosa, no podías apenas cerrar un círculo. Me miraste asustada… Tú lo sabías. Por eso, no querías ir… No querías que lo notáramos…
Recuero como si fuera ayer que la segunda vez que te llevamos al escáner dijiste con voz triste: “¿Y para qué? Yo sé que cada día estoy peor. Me doy cuenta de que no me han dado tratamiento ni medicación”.

Sé que sufrías, y te humillaba que tus amigas te vieran en ese estado, en silla de ruedas. Llegó un momento en que no querías salir a la calle, porque sentías vergüenza de que te vieran así. ¡Siempre has sido tan presumida…!

Fue aquella semana de noviembre cuando mis oídos registraron por primera vez la palabra alzhéimer, y el mundo se me vino encima. No quise decírtelo para no preocuparte, pero me hundí. El médico no me dio ninguna solución, ningún tratamiento; sólo me dijo dos palabras: “Paciencia, hijo”. Era como si los médicos me dieran el pésame…

Desde el principio tuve que dedicarme a las tareas del hogar. No podía hacer un huevo frito sin que se rompiera, no sabía planchar, y me daba vergüenza tender la ropa: lo hacía a las cuatro de la mañana para que no me vieran los vecinos… ¡Qué estúpido! Las vecinas me decían que tenía que tender las camisas por el bajo, y yo hacía como si no fuera conmigo. Y además de todo eso, te bañaba, te peinaba y te vestía. Aquello era mucho para mí, e intenté contratar a una enfermera, pero era más de la mitad de mi sueldo, y ni siquiera te trataba bien. Entonces comprendí que con nadie estarías mejor que conmigo y con tu hijo Álvaro, porque el mayor estaba destinado en Canarias…

Isabel, perdóname porque no consigo meter en cintura esta casa, porque las labores del hogar me superan. Pero los besos, los abrazos y las caricias que te doy no te los va a dar nadie. La única idea que me atormenta es que estés sufriendo. Tus gemidos de dolor o de nerviosismo me atormentan y se me clavan en el corazón.

Esta mañana me he dado cuenta de que llevo tres días sin salir de casa y de que nadie me ha visitado. Te sigo teniendo, pero esta enfermedad terrible que atrapó tu cerebro, desintegrándolo, ha hecho que perdiéramos muchos amigos, una gran parte de la familia, las diversiones, las ilusiones… A veces me cuesta. Sé que tienes la capacidad de recibir la ternura que Álvaro y yo te damos. Quizás estés haciendo acopio de ese cariño, para cuando sufres más…

Hay quien me dice que tengo que vivir mi vida; pero, después de pensarlo mucho, siempre llego a la misma conclusión: mi vida está aquí, contigo. Los dos, de la mano, todas las tardes. Los dos, juntos por las noches. Mi vida eres tú, estés como estés. Lo único que quiero es estar aquí contigo y pasar las tardes juntos cogidos de la mano…

Lo único que le pido a Dios es que me deje morir después de ti. No quiero dejarte sola en este mundo sin ayuda, sin ternura. Nuestro hijo no aguantaría este peso él solo. Así que hazme un sitio cuando llegues al cielo. ¡Tengo tantas cosas que contarte…!”.

"Alzheimer: la enfermedad del nuevo milenio",
M. G. Blázquez

viernes, 3 de octubre de 2008

:: I Love... Me ::



Ámate a ti mism@ de la misma forma que amas a tu madre, a tu padre, a tu herman@, a tu mejor amig@, a tu pareja...
Ámate a ti mism@ con toda la fuerza de tu corazón.
Ámate a ti mism@ para poder amar a los demás; para que los demás te amen a ti.
Mírate al espejo y sonríe. Sonríe por verte a ti reflejad@ en él. Por ver a una persona valiosa, única, maravillosa y con un potencial ilimitado.

Ama tu cuerpo. Ama tus ojos, tu boca, tu rostro, tus brazos, tus piernas... Da gracias por poseer un cuerpo que te permite moverte por el mundo, que te permite bailar, cantar, jugar, trabajar, descansar, abrazar a las personas que quieres...
Ama tu mente. Ama tu inteligencia, tu capacidad de razonar, de pensar, de reflexionar; ama tu capacidad de resolver problemas matemáticos, de leer este texto, de aprender cada día una cosa nueva... Ama tu curiosidad de ser humano, de conocer todo lo que te rodea...
Y sobretodo, ama tu alma. Tu lugar de procedencia y tu lugar de destino. Tu casa, tu mundo, tu tesoro... Tú, la parte y el todo que te recuerda tu origen divino.

Ámate a ti mism@ porque nunca volverá a existir en la faz de la Tierra nadie como tú...
Ámate a ti mism@ porque el hecho de estar rodead@ de personas que te quieren te demuestra que eres valios@...
Ámate a ti mism@ porque Dios te quiere viv@, te quiere en su mundo...
Ámate a ti mism@ porque el mundo necesita que lo hagas para que puedas ayudarle a sanarse...
Ámate a ti mism@ para que nadie pueda aprovecharse de ti ni robarte tu autoestima...
Ámate a ti mism@ porque existes, porque estás viv@ y formas parte del Universo, y el mundo te ofrece oportunidades infinitas...
Ámate a ti mism@ porque Dios te ama, y su Amor te hace digno de amarte...

Ámate a ti mism@, de forma que cuando aguien te diga: "no vales nada", puedas mirarle a los ojos y responderle: "Soy un ser humano y soy únic@. Soy Luz y soy Amor. Dios me ama y estoy aquí porque soy valios@, y si no eres capaz de verlo, entonces compadezco tu ignorancia y espero que puedas aprender a escuchar los latidos de tu alma..."

domingo, 28 de septiembre de 2008

:: Love Story ::

Os dejo un video muy bonito que he encontrado por internet. Personalmente esta canción me encanta. Es muy romántica y muy ñoña tal vez, pero precisamente por eso me gusta :D. La canción la canta Taylor Swift.
Disfrutadlo!

sábado, 27 de septiembre de 2008

:: Amor Propio (Capítulo II) ::



¿Hasta qué punto es importante tener una buena autoestima en nuestra vida? Es importante a todos los niveles. Como ya he dicho anteriormente, tener una buena autoestima significa conocer y utilizar nuestras capacidades intrínsecas, las habilidades y los mecanismos que nos permitirán afrontar los problemas que se nos planteen en la vida y que nos ayudarán a forjar nuestro propio destino.
Ya que la autoestima engloba todos los aspectos de nuestro mundo personal, también está relacionada con nuestra capacidad de amar a los demás y de entregarnos en una relación.
Hay una frase popular que dice: “si no te quieres a ti mismo, ¿cómo vas a querer a los demás?”. Esta frase tiene algo de cierto, aunque no creo que sea correcta al 100%.
Obviamente, aunque una persona tenga una muy baja autoestima sigue teniendo la capacidad de amar a otros seres humanos. ¿Entonces dónde está la diferencia?, os preguntaréis. Pues la diferencia está en la CALIDAD de las relaciones que logre crear.
Precisamente, el objetivo principal de una persona con baja autoestima va a ser el de crear relaciones, ya sean amorosas o amistosas (aunque suelen predominar las primeras). Con esto, espera recibir amor y de esa manera sentirse “completa”. Pretende utilizar el amor que su pareja o su amigo le va a proporcionar para llenar ese vacío causado por su falta de autoestima. Y como ya os habréis dado cuenta, solo leyéndolo ya se percibe que de ese acto de “dependencia” no pueden salir muchas cosas buenas…

Pongamos un ejemplo. Se forma una relación amorosa entre dos individuos: “X” e “Y”. “X” es el individuo con baja autoestima, e “Y” es el que tiene una autoestima alta que le permite sentirse bien consigo mismo.
Es posible que al principio la relación sea genial y maravillosa. Las dos personas se enamoran y comparten su amor. En apariencia, no hay nada que falle. Pero con el paso del tiempo, “Y” empieza a sentirse “drenada”, es decir, empieza a sentir cómo su pareja, con una baja autoestima (“X”), depende de ella en un sentido casi total. “X” coloca a “Y” en el centro de su vida y espera que éste le haga feliz. Espera recibir un amor incondicional y que su pareja esté a su disposición las 24 horas del día, pareciendo más un criado que una pareja.
La relación ha comenzado a “erosionarse”, y se ha producido un gran desajuste entre los dos. “X” exige que “Y” le haga feliz, que llene el vacío que hay en su vida. E “Y” se da cuenta de que lo que le pide su pareja es algo desproporcionado y de que, para empezar, carece de los medios para satisfacer tal demanda, y además, no ve por qué debe hacerle feliz, ya que él siempre se ha sentido bien consigo mismo y pensaba que a “X” le pasaba lo mismo.
“Y” intenta ponerle las cosas claras a “X”. Le dice que siente que “X” le exige demasiado y que en el fondo solo lo quiere para llenar su vacío. “X” se enfada, porque piensa que “Y”, que es su pareja, su gran amad@, está en la obligación de hacerle feliz. Y como los dos no llegan a ningún acuerdo, deciden romper.
“Y” se siente muy triste, porque ama mucho a “X”, pero se da cuenta de que es lo mejor, porque no podía darle a su pareja lo que ella le pedía. “X” también se siente muy triste, pero además se vuelve a sentir vacío, y piensa rápidamente en buscar otra pareja…

Como ya os habréis dado cuenta, la diferencia radica en que las personas con baja autoestima que utilizan a los demás para llenar su vacío en realidad no están creando relaciones verdaderas. En muchos casos, por desgracia, ni siquiera sienten nada por esas personas de las que esperan que les hagan felices; solo creen sentirlo.
Sus relaciones tiene un único objetivo: encontrar a alguien que les de amor, de forma que puedan ser felices y sentirse llenos. Como dice otra famosa frase: “la felicidad está en uno mismo”. Es una responsabilidad propia el buscar y conseguir la felicidad. Nadie más que nosotros puede hacerlo.
Está bien tener pareja y que ambas sean felices juntas, pero que nadie se equivoque; la felicidad de cada una la habrán conseguido de forma independiente y por sus propios medios. El hecho de tener a tu lado a alguien que te ame y a quien ames puede ayudar, pero no es la clave para encontrar la felicidad.
Esto no significa que TODAS las personas con baja autoestima utilicen a sus parejas o a sus mejores amigos para llenar el vacío que hay en su vida. Se puede tener una baja autoestima y tener relaciones verdaderas y con buenos y fuertes sentimientos; pero esto es difícil en muchas ocasiones.

Supongo que algunos os preguntaréis: ¿y cómo se puede evitar que las relaciones sean falsas? La forma de evitarlo más clara es saber en todo momento lo que sentimos por esa persona. Tenemos que saber a ciencia cierta por qué queremos estar con esa persona y por qué nos gusta esa persona. Si cuando nos preguntamos esto no somos capaces de darnos una buena razón, entonces es muy probable que solo la queramos utilizar.
Si por el contrario sabemos qué esperamos de esa persona y somos capaces de decir qué nos gusta de ella hasta tal punto que nos lleve a estar a su lado, entonces es probable que nuestros sentimientos sean sinceros.
En muchas ocasiones hay gente que a la hora de razonar por qué quieren estar con alguien, contestan: porque LO AMO. Y está bien, en realidad no se necesita más razón que esa .
Pero en esos casos tenemos que ser conscientes de que si estamos con esa persona no podemos exigirle que nos haga felices, porque aparte de que es algo egoísta el hecho de cargar nuestra felicidad sobre otro ser humano, tampoco podrá hacerlo.
Cuanto estamos con alguien, tengamos baja autoestima o no, debemos entregarnos al 100%. Entregarle lo mejor de nosotros. Esto no significa que finjamos un carácter de “persona perfecta” que no tenemos. Todo el mundo tiene defectos, y siempre se acaban mostrando. Es inevitable cuando alguien es sincero en su trato hacia los demás. Lo importante es conseguir que esa persona esté a gusto a nuestro lado y que sepa en todo momento que si está con nosotros conseguirá echarse unas risas, tener a alguien que le escuche o pasar un buen rato. Que sepa que de nosotros siempre recibirá algo bueno.

Si hacemos esto, podemos estar seguros de que no crearemos relaciones de dependencia y de que habrá muchas personas que querrán estar con nosotros.
Y aquí acaba el artículo. Espero que a alguien le haya servido de ayuda, o por lo menos para informarse un poco más acerca de un concepto tan importante como la autoestima.

Cuidad vuestras relaciones y sobretodo cuidaos a vosotros mismos! :D


Don’t worry, baby... Be happy

viernes, 19 de septiembre de 2008

:: Amor Propio (Capítulo I) ::



O como se dice en términos psicológicos, “autoestima”. El autoestima, como su propio nombre indica, se refiere al hecho de quererse a sí mismo. De igual manera que quieres a tu padre, a tu hermana, o a tu amigo, te debes querer a ti mismo.
Primero de todo, y antes de comenzar con el artículo, me gustaría aclarar que yo no soy psicólogo ni tengo conocimientos teóricos sobre esta materia. Todo lo que aquí escribo son reflexiones propias que pueden ser o NO ciertas. No tengo la verdad absoluta, ni tampoco lo pretendo. Solo quiero mostrar mi punto de vista, y sobretodo, lo que más me haría feliz es saber que alguien se va a sentir mejor leyendo esto. Dicho esto, continúo.

Puede que a muchas personas este concepto les suene un tanto egocéntrico o sumamente narcisista, pero lo cierto es que sin este concepto nuestro carácter, nuestra personalidad, lo que nos hace sentirnos como un “yo”, no existiría; o mejor dicho, parecería que no existe.
Me explico. Una persona puede ser muy inteligente, responsable, perseverante, solidaria… Pero si no cree que posee ninguna de estas características, éstas nunca se materializarán, y por lo tanto, a ojos de la propia persona, tales características no existirían.

Si una cosa he aprendido en los pocos años que llevo de vida, basándome en mi propia experiencia y en la de los demás, es que el amor propio (o autoestima) es un pilar básico de nuestra vida. Todos nuestros objetivos, todos nuestros logros, nuestras relaciones, nuestros deseos, nuestros miedos, están íntimamente relacionados con nuestro autoconcepto. Sin una buena autoestima, la persona está destinada al fracaso. En cambio, una persona con una alta autoestima, puede estar segura de que conseguirá todo lo que se proponga.
Dicho así parece que la autoestima sea una característica hereditaria y que cada persona posee por naturaleza, pero no es así en absoluto. El autoestima es un concepto que se va formando desde nuestro desarrollo cuando somos niños pequeños, hasta casi la etapa adulta. Interfieren muchas variables (educación, entorno familiar, entorno escolar, retos a superar, etc.), pero sobretodo existen dos elementos básicos sobre los que se construye el autoestima: el primero es el amor que recibimos de quienes nos rodean, y el segundo es la capacidad que tenemos para superar los retos que nos plantea la vida.
Si alguno de estos dos pilares falla, la autoestima se verá gravemente perjudicada. En cambio, si una persona ha recibido grandes influencias positivas por parte de estos dos pilares, puede estar segura de que tendrá un desarrollo normal y extremadamente positivo.

Para empezar, debemos detenernos en el hecho de ser educados en un entorno de amor. El amor, como todo el mundo sabe, mueve montañas. Es la fuerza más poderosa que existe sobre la faz de la Tierra. Por ello, un niño pequeño no solo se alimenta de agua y comida, sino también de amor.
El amor que su familia y las personas de su entorno más cercano le van dando va creando en él una capacidad de autosuperación muy positiva. El hecho de que otras personas nos amen (y esto es algo que hemos sentido todos en nuestras propias carnes) nos hace darnos cuenta de que somos valorados, y si somos valorados significa que poseemos determinadas cualidades que atraen a la gente y les incita a entablar relación con nosotros. Por lo tanto, el acto de recibir amor es un acto de valoración de la persona, y sobretodo es un acto que la hace sentirse querida y protegida, y eso también es de vital importancia.
El otro pilar importante que he citado anteriormente es la capacidad que tenemos los seres humanos para superar los retos que la vida nos plantea. Este pilar va unido al anterior, puesto que el desarrollo de una persona en un ambiente de amor le va a proporcionar los recursos básicos para enfrentarse a la vida.
Cabe destacar que si una persona ha crecido en un ambiente sin cariño, con falta de atención, con malos tratos, el primer pilar no podrá darse, lo que afectará al segundo, produciendo una mayor falta de autoestima.
Sin embargo, y aunque ambos pilares van unidos, la capacidad de superar los retos es algo que puede ir independiente al amor (esto es un poco arriesgado decirlo, pero es así). Existen personas que se han criado en ambientes no solo faltos de amor, sino en lugares en mitad de una sangrienta guerra, en los que se han enfrentado a la muerte y la enfermedad cada día, y donde el único objetivo que tiene el ser humano es sobrevivir. En estas circunstancias lo que menos importa a esas personas es dar el amor adecuado a sus hijos. Pero esto no significa que las personas vayan a quedar afectadas por una baja autoestima.
Cuando una persona se enfrenta a duros retos en la vida y logra superarlos, comienza a darse cuenta de que dentro de ella existe un potencial que antes no conocía. Un potencial que su familia no le mostró en el pasado. Y en el momento en el que se da cuenta de su existencia, su autoconcepto mejora, y con ello su autoestima.

En el capitulo segundo seguiré con más reflexiones, ya que hasta ahora he planteado el concepto del autoestima de forma teórica, para que todo el mundo se haga una idea de a lo que me refiero.

Os espero pronto! ;)