miércoles, 8 de febrero de 2012

:: Consejos de un maestro zen ::



Zengetsu, un maestro chino de la dinastía T’ang, redactó las siguientes exhortaciones para sus discípulos:

"Vivir en el mundo sin apegarse al polvo del mundo: ese es el camino de todo verdadero estudiante de zen.
Cuando presencies las buenas acciones del otro, anímate a seguir su ejemplo. Cuanto te hablan de su mala conducta, prométete no emularlo.
Aunque estando solo en una habitación oscura, compórtate como si estuvieras ante un noble huésped. Exterioriza tus sentimientos, pero no seas más expresivo que tu propia naturaleza.
La pobreza es un tesoro. No la cambies nunca por una vida fácil.
Una persona puede parecer un loco y sin embargo no serlo. Tal vez solo esté guardando su sabiduría con esmero.
Toda virtud es fruto de la autodisciplina. No cae sin más del cielo como la lluvia o la nieve.
La modestia es la basa de todas las virtudes. Deja que tus vecinos te conozcan antes de darte a conocer tú a ellos.
Un noble corazón jamás se fuerza a sí mismo. Sus palabras son como raras gemas, pocas veces son exhibidas y de un valor inestimable.
Para un estudiante sincero, cualquier día es un día de suerte. El tiempo pasa, pero él nunca queda rezagado. Ni la gloria ni la vergüenza lo inmutan.
Censúrate a ti mismo, nunca a los demás. No discutas lo que es correcto o lo que está equivocado.
Algunas cosas, aunque verdaderas, se tuvieron como falsas durante generaciones enteras. Puesto que el valor de la honradez se reconocer con el paso de los siglos, no hay por qué anhelar una estima inmediata.
Vive con causa y deja los resultados a la gran ley del universo. Pasa los días en tranquila contemplación."



Carne de zen. Huesos de zen. Antología de historias antiguas del budismo zen.

jueves, 2 de febrero de 2012

:: El valor de las cosas ::



“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien- asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejecito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me has pedidido. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.


-Qué importante es lo que has dicho, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.


Cuentro tradicional Zen

martes, 20 de diciembre de 2011

:: La sabiduría de un árbol ::



Si lo piensas bien, estaría bien ser un árbol…


…Cuando el invierno llega y se caen las hojas, quedando el tronco al desnudo frente a las inclemencias del tiempo, el árbol se deja llevar y no se aferra a sus queridas hojas, porque sabe que han cumplido su función y que pronto saldrán otras nuevas tan bellas o más que las anteriores…

…El árbol permite que muchos otros seres moren en él: pájaros que fabrican sus nidos en las ramas, orugas que se deslizan por su corteza, hormigas que trepan por su tronco en busca de alimento… Tiene sitio para todos y los acepta como un buen anfitrión. Incluso cuando el pájaro carpintero martillea con su pico en la corteza, el árbol no se enfada, porque sabe que es su naturaleza hacerlo…

…Si te pones delante de un árbol y empiezas a insultarlo, el árbol no reaccionará, porque no se identifica con ninguna de tus palabras… Seguirá allí postrado, ofreciéndote su sombra aunque no seas consciente de ello…

…Por mucho que el viento sople, el árbol se mantendrá firme en su sitio, porque tiene unas buenas raíces que le ayudan a aferrarse a la Tierra… Le ha llevado muchos años elaborar unas raíces tan gruesas y resistentes, por eso puede estar seguro de que no le fallarán cuando las necesite…

…Aunque el árbol absorbe la luz del sol, el agua y los nutrientes para alimentarse, con el oxígeno que expulsa constantemente alimenta a todo el planeta… Podríamos decir que es la mayor ONG de la Tierra…

…Incluso si lo arrancas de la tierra y lo cortas en pedazos, haciendo añicos en minutos lo que le ha llevado décadas construir, la leña que obtengas de su tronco seguirá calentándote en invierno o podrás hacer muros con ella para levantar tu casa si lo necesitas… Incluso muerto, el árbol sigue siendo útil a otros seres…


…Si los árboles pudieran hablar, su sabiduría cambiaría el rumbo de la humanidad.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

:: Mente y compasión ::

Os dejo una entrevista que realizó Eduard Punset a Matthieu Ricard, biólogo y monje budista, en el programa Redes. En ella hablan de la compasión innata de los seres humanos y de cómo entrenar la mente para ser más felices y hacer más felices a los demás :)





jueves, 20 de octubre de 2011

:: Vivir mejor con menos ::



Se encontraba un turista norteamericano paseando por una playa mexicana cuando vio a un lugareño tumbado sobre la arena, tomando plácidamente el sol.
El turista extranjero se acercó hasta él y pronto entablaron conversación. Después de hablar durante varios minutos de temas banales, el hombre norteamericano le preguntó:
“¿Y usted a qué se dedica?”
El mexicano le contestó: “Pues yo soy pescador”.
“Vaya, un trabajo duro”, dijo el turista, “Debe trabajar muchas horas”.
“Pues sí, unas cuantas”, respondió el lugareño. “Trabajo dos horas al día”.
El norteamericano, habituado a trabajar una media de ocho horas todos los días, se quedó perplejo ante lo poco que trabajaba aquel buen hombre.
“¿Y qué hace el resto del día”, le preguntó el turista.
“Pues mire, por la mañana me levanto tarde. Voy a pescar durante unas dos horas. Cuando acabo, juego un rato con mis hijos. Como, y después me echo la siesta con mi señora. Cuando me levanto ya casi al atardecer me voy al bar y tomo unas cervezas con mis amigos”.
“¿Y por qué no trabaja más horas?”, le preguntó el turista.
“¿Y para qué?”, respondió el mexicano.
“Si trabajase más horas, podría comprarse un barco, y así conseguiría pescar un mayor número de peces”.
“¿Y para qué?”
“Si ganase más dinero, podría contratar a pescadores asalariados que lo ayudarían en su labor”.
“¿Y para qué?”
“Porque así ganaría mas dinero, y podría abrir una manufactura de pescado”.
“¿Y para qué?”
“Con eso sus ventas aumentarían muchísimo, y podría abrir nuevas sedes en países vecinos”.
“¿Y para qué?”
“Su empresa podría llegar a convertirse en una multinacional, y con el tiempo sus acciones entrarían en bolsa”.
“¿Y todo eso para qué?”
“Bueno, cuando se jubilase a los 65 años, podría levantarse tarde, jugar con sus hijos, echar la siesta con su señora, tomar cervezas con sus amigos…”.


Historia narrada por el profesor Carlos Taibo Arias, de la Universidad Autónoma de Madrid, durante las Jornadas sobre Decrecimiento en Zaragoza (2011)

sábado, 27 de agosto de 2011

:: Un hombre sabio ::



Había una vez un discípulo de un filósofo griego al que su maestro le ordenó entregar dinero durante tres años a todo aquel que le insultara. Una vez superado ese período de prueba, el maestro le dijo: “Ahora puedes ir a Atenas y aprender sabiduría”. Cuando el discípulo llegó a Atenas vio a un sabio sentado a las puertas de entrada de la ciudad que se dedicaba a insultar a todo el que entraba y salía. También insultó al discípulo, que se echó a reír. “Por qué te ríes cuando te insulto”, le preguntó el sabio. “Porque durante tres años he tenido que pagar por esto mismo y ahora tú me lo ofreces gratuitamente”, contestó el discípulo. “Entra en la ciudad –le dijo el sabio-. Es toda tuya…”


El arte de la felicidad. Un nuevo mensaje para nuestra vida cotidiana,
Dalai Lama con Howar C. Cutler

viernes, 8 de julio de 2011

:: La fábula del colibrí ::



Un gran incendio asolaba el bosque y todos los animales huían despavoridos para salvar su vida. Todos, menos un pequeño colibrí, que iba una y otra vez al lago, llenaba su pico de agua y la dejaba caer sobre el fuego.
Un lagarto, intrigado por este comportamiento, se dirigió al avecilla:
–Colibrí, ¿tú estás loco? ¿Acaso crees que vas apagar el incendio arrojando unas cuantas gotas de agua sobre el fuego?
A lo cual replicó el colibrí con toda serenidad:
–No sé si voy a apagar el incendio, pero yo hago mi parte.

Autor anónimo

:: ¿Quién lo decide? ::



“Un individuo no debe matar. Si mata, es un criminal, un asesino. Si esto mismo lo hacen dos, diez o cien personas, también son asesinos. Sin embargo, un Estado o una nación puede matar todo lo que le venga en gana, y esto ya no será considerado como un asesinato, sino como algo grande y noble. Basta con reunir a muchos hombres para que la masacre de decenas de miles de personas se convierta en algo inocente. ¿Pero exactamente cuántos hombres son necesarios para que esto ocurra? He aquí la cuestión. Uno solo no puede robar, saquear, pero una nación entera sí que puede. ¿Pero cuántos individuos son necesarios? ¿Por qué uno, diez o cien hombres no deben violar la ley de Dios, y en cambio muchos de ellos juntos sí pueden hacerlo?”.

¿Cuántos hombres son necesarios para que un crimen se convierta en virtud?
- Adin Ballou (defensor del pacifismo, el socialismo y el abolicionismo)

jueves, 10 de febrero de 2011

:: El enfado, nuestro peor enemigo ::



Hoy quería hablar acerca de algo recurrente en la vida de mucha gente. Se trata de algo que convierte a las personas en monstruos y que las aleja de sus seres queridos.
Estoy hablando del enfado.

Pero, ¿qué es el enfado? ¿un sentimiento? ¿una acción? En mi opinión, el enfado es un “escudo agresivo” que utilizamos cuando tenemos que enfrentarnos a una situación que no sabemos cómo manejar.
El enfado comunmente se produce frente a dos tipos de situaciones: cuando no se cumple lo que deseamos y cuadno nos enfrentamos a algo que no nos agrada y no sabemos cómo reaccionar.
En ambos casos, el enfado procede de la frustración al encontrarnos frente a algo que no nos gusta. Esto ya nos da una pista de la naturaleza del enfado: procede de nuestro interior. Esto es, no está causado por circunstancias o agentes externos, sino que es una reacción que nosotros “elegimos” poner en práctica.

Hay gente que se enfada con relativa facilidad, y se justifican diciendo que “tienen carácter”.
No dudo que por motivos biológicos (genes) o por experiencias adversas a lo largo de su vida haya gente que tenga más dificultades para combatir el enfado y el mal genio, pero eso no significa que no puedan superarlo y reaccionar frente a las adversidades de manera distina.
También existe la creencia de que el enfado es una reacción espontánea y que, por lo tanto, no se puede frenar ni controlar. Pues bien, creo que esto tampoco es cierto del todo. Si prestamos atención a nuestro interior cuando nos enfadamos con alguien, comprobaremos que el enfado se produce en varias fases.
En la primera se da el desacuerdo: estamos hablando de un tema con alguien y tenemos posturas diferentes. En la segunda, nos empezamos a molestar porque la otra persona intenta convencernos de que su postura es la mejor (o eso nos parece) y nosotros hacemos lo mismo con ella. Finalmente, nuestro orgullo se siente herido al no poder “ganar la batalla” con la otra persona, y nos enfadamos.
Estas fases previas al enfado podemos encontrarlas en la mayría de situaciones en las que aparece un coflicto.
El punto esencial para evitar el enfado en estos casos se encuentra en no pasar de la primera fase. En el ejemplo anterior en el que manteníamos una conversación con alguien y nos enfadábamos al tratar de convencerle de nuestra postura, tenemos que tener en cuenta que cuando debatimos con alguien lo importante es saber escuchar y respetar la opinión de los demás, al mismo tiempo que debemos explicar lo que nosotros pensamos con tranquilidad.
No se trata de convencer al otro de que nuestra postura es mejor (porque además puede ser que no exista una postura mejor que la otra), tan sólo se trata de exponer nuestros argumentos y de aprender y pasarlo bien con la conversación, en la medida de lo posible.
Por lo tanto, forma de evitar el enfado --> frenarlo en la primera fase.

En otras ocasiones (más complicadas), tal vez nos encontremos frente a alguien cuyo único objetivo en ese momento es darñarnos o molestarnos y, por lo tanto, no podemos hablar tranquilamente con esa persona.
Si no existe la opción de pedirle que se tranquilice y que nos hable con respeto, bastará con que nos demos la vuelta y nos marchemos. Pero no debemos marcharnos refunfuñando entre dientes o reprimiendo nuestro enfado, sino simplemente pasando del tema.
Debemos ser conscientes de que no se puede hablar civilizadamente con personas así y, por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es pasar.
Evitar o combatir el enfado no significa reprimirlo.
Si nos enfadamos con alguien y para evitar la pelea nos marchamos, pero seguimos dándole vueltas al tema en nuestra cabeza o acumulando rabia, no lo estamos combatiendo bien. Es un punto a nuestro favor que hayamos sido capaces de evitar un conflicto con esa persona (porque así hemos evitado el futuro sufrimiento de los dos), pero no nos hemos librado del enfado.
Llegados a este punto, ya es un poco tarde para evitar el enfado en la primera fase, así que nos centraremos en hacerlo desaparecer.
En primer lugar, debemos dejar de pensar en el tema. Si no lo hacemos, el enfado no solo persistirá, sino que aumentará.
Seguidamente podemos realizar cualquier actividad que normalmente nos distraiga y nos divierta (jugar al ordenador, escuchar música, salir a correr, etc.). Si eres una persona activa y estás acostumbrad@ a hacer actividades bastante dinámicas, quizá lo más aconsejable sea hacer deporte. Si, por el contrario, eres una persona más tranquila y relajada, posiblemente te ayude realizar alguna técnica de relajación (con música o sindos de la naturaleza, por ejemplo).
En cualquier caso, lo importante es “pasar página” y olvidarnos del tema. Cuando hayamos dejado a un lado los sentimientos de frustración y rabia, y nuestra mente se haya calmado, veremos las cosas de una forma más clara y reguramente nos daremos cuenta de que la solución del problema que tuvimos con la otra persona no era tan complicada.
Al final del proceso siempre deberemos reflexionar acerca de lo mal que nos hace sentir el enfado (y podría haber sido mucho peor de seguir con el conflicto) y de lo importante que es frenarlo en la primera fase. Así podremos tener esto en cuenta para futuros posibles enfados.

Como he dicho al principio, el enfado surge frente a situaciones que no sabemos manejar de forma “constructiva”.
Hay un proverbio árabe que dice algo así como: “Si un problema tiene solución, ¿de qué sirve preocuparse?... Y si no la tiene, ¿de qué sirve preocuparse?”
En el caso del enfado es parecido. Demos tener en cuenta que, nos enfademos o no, la situación desagradable no va a cambiar (o, en todo caso, a peor). ¿Entonces de qué sirve pasar un mal rato enfadándonos?
En mi opinión, creo que existen otras muchas formas constructivas y diferentes de enfrentarse a un conflicto:
- Opiniones contrarias --> respeto y evitar el intentar convencer al otro de que nuestra postura es la mejor.
- Insultos, ataques personales, agresividad verbal --> hacerle saber que no seguiremos con la conversación si no se relaja; sino es posible, directamente nos marchamos.
- Se nos estropea el ordenador --> son cosas que pasan normalmente con los objetos inanimados; lo llevamos a reparar y listo.

El enfado nos convierte en algo que no somos realmente. Nos empuja a decir y a hacer cosas que dañan a otros y de las que podemos estar arrepintiéndonos mucho tiempo.
Nos aleja de las personas a las que queremos y, en definitiva, nos aísla del mundo y nubla nuestra visión.
Frente al enfado, sabiduría.
Frente al conflicto, paz.
Todo lo importante en esta vida requiere ser trabajado día a día; nada se consigue espontáneamente. Por eso, empieza trabajando hoy para evitar enfadarte mañana :)

PD: Por último, me gustaría recomendaros un libro titulado Cómo superar nuestros problemas humanos, de Gueshe Kelsang Gyatso (edit. Tharpa). En él se trata el tema del enfado más profundamente desde la ideología budista, pero explicado de una manera muy clara y amena.
Este libro me ha ayudado a comprender la naturaleza del enfado y las formas de combatirlo, y por eso creo puede ayudar a otro mucha gente a comprender que el enfado puede ser superado.

sábado, 25 de diciembre de 2010

:: El tesoro oculto ::



Nos cuenta una antigua leyenda hindú que en un tiempo todos los hombres que vivían sobre la tierra eran dioses, pero como el hombre pecó tanto, Brahma, el dios supremo, decidió castigarlo privándolo del aliento divino que había en su interior y esconderlo en donde jamás pudiera encontrarlo y emplearlo nuevamente para el mal.

"Lo esconderemos en lo profundo de la tierra", dijeron los otros dioses.

"No", dijo Brahma, "porque el hombre cavará profundamente en la tierra y lo encontrará".

"Entonces, lo sumergiremos en el fondo de los océanos", dijeron.

"Tampoco", dijo Brahma, "por que el hombre aprenderá a sumergirse en el océano y también allí lo encontrará".

"Escondámoslo en la montaña más alta", dijeron.

"No", dijo Brahma, "por que un día el hombre subirá a todas las montañas de la tierra y capturará de nuevo su aliento divino".

"Entonces no sabemos en dónde esconderlo, ni tampoco sabemos de un lugar en donde el hombre no pueda encontrarlo", dijeron los dioses menores.

Y dijo Brahma: "Escondedlo dentro del hombre mismo; jamás pensará en buscarlo allí".

Y así lo hicieron. Oculto en el interior de cada ser humano hay un algo divino. Y desde entonces el hombre ha recorrido la tierra, ha bajado a los océanos, ha subido a las montañas buscando esa cualidad que lo hace semejante a Dios y que todo el tiempo ha llevado en su interior.


William H. Danforth

domingo, 19 de diciembre de 2010

:: El verdadero amor ::



“Tu vida no está completa hasta que encuentras a tu media naranja”.
“Nadie es completamente feliz, ni se puede sentir realizado como persona hasta que no comparte su vida con su verdadero amor”.
“Si no encuentras pronto el amor, se te pasará el arroz y estarás sol@ para siempre”.


Supongo que estas frases te sonarán. Quizás las hayas oído alguna vez, o puede que incluso las hayas pensado.
Las personas somos criaturas a las que nos gusta (y necesitamos) vivir en sociedad por naturaleza. Y dentro de esta sociedad creamos nuestras relaciones personales: con nuestro padre, nuestra madre, nuestros hermanos, amigos… y, por supuesto, nuestra pareja.
Se supone que todos son igual de importantes y de necesarios para nosotros. Pero, en realidad, sentimos que la pareja es la persona más esencial, más importante, porque es la persona con la que pasamos el resto de nuestra vida y, por lo tanto, es a la que más queremos. Nuestra relación con ella nos permitirá sentirnos completos y realizados, ya que habremos alcanzado el principal objetivo de nuestra vida… ¿o no?

Debemos darle las gracias a personajes como esa princesa que mordió una manzana envenenada; o esa otra que durmió durante cien años antes de ser despertada por un beso de amor verdadero; sin olvidarnos, por supuesto, de aquella joven rica que hacía las veces de criada hasta que perdió un zapato de cristal.
Casi desde que nacemos la sociedad nos “socializa” y nos instruye para convertirnos en personas realizadas. Y dentro de ese aprendizaje social van incluidos ciertos roles, creencias e ideales de vida que se espera que aceptemos y cumplamos.
Puede que uno de los más importantes sea la idea de que debemos encontrar a nuestra pareja ideal. ¿Para qué? Para que nuestra vida esté completa y nos realicemos como personas, y así seamos felices. Y ahí se acaba la reflexión.
Pero… ¿realmente no es un poco triste que nuestra felicidad en la vida esté en manos de otra persona? ¿No resulta decepcionante pensar que necesitamos a otr@ para sentirnos completos? Mi opinión es que sí.
Si fuera cierto que necesitamos encontrar el verdadero amor para realizarnos, ¿entonces por qué nos dicen desde que somos pequeños que cada persona es única y especial? Es mentira. Según esta idea, cada uno de nosotros solo vale como “media persona”. Necesitamos a otr@ para ser una “persona entera”.
A todas luces se deduce la estupidez de esta idea.

Lo más triste de todo y lo que más me hace reflexionar sobre el concepto de la “media naranja” es ver cómo esta idea ha calado hondo en mucha gente.
Gente que no recibieron el amor y la atención que todo niñ@ necesita durante la infancia, se convierten en jóvenes y adultos que buscan en otros lo que no encuentran en su interior.
Tal vez estas personas tengan familia, amigos, a otras personas que de verdad les quieren. Pero nunca es suficiente. Sienten un constante vacío que les lleva a pensar que sólo encontrando una pareja (su amor verdadero) se sentirán bien.
Si tú eres una de estas personas, te aconsejo que no lo busques. Primero, porque el amor no se busca; simplemente se encuentra. Y segundo, porque si al final consigues una pareja, a la larga te sentirás tan frustrad@ y decepcionad@ como estabas antes, porque descubrirás que ese vacío sigue en tu interior. Esto solo te conducirá a almacenar más sufrimiento.
Por no hablar de que a nadie nos gustaría tener como pareja a una persona que no sabe cuidar de sí misma y quererse tal y como es. Al final, dejamos de sentir que tenemos una pareja con la que compartimos nuestra vida, para sentir que estamos cuidando de un/a niñ@ que necesita constantemente atención y protección.
La pareja, como tal, se descompensa y se encamina hacia la ruptura.

Todos somos valiosos por el simple hecho de ser personas. Y lo demás es superficial. No importa que seas más o menos list@, más o menos guap@, o si estás gord@ o flac@. Porque, después de todo, al final de la partida el peón y el rey vuelven a la misma caja.
Tenemos en nuestro interior el potencial para ser lo que queramos ser. Y, lo que es más importante, tenemos una esencia en común con todas las demás personas. Una luz pequeñita que brilla en tod@s igual, y que está más allá de todas nuestras características particulares.

Tener pareja, compartir nuestra vida con alguien a quien amamos y quien nos ama, es una experiencia muy enriquecedora y positiva para ambos. Pero no es necesaria o imprescindible.
Tener paraje es una opción individual y voluntaria. El amor debe surgir de la espontaneidad; nunca debe ser forzado o fingido, porque eso solo nos llevará a conseguir un sucedáneo barato del verdadero amor, que con el tiempo acabará haciéndonos sufrir.
Para compartir nuestra vida con alguien, primero tiene que haber algo que compartir. Si en nuestra vida lo único que hay es un fuerte deseo de encontrar pareja que lo inunda todo, ¿qué compartiremos con nuestra pareja cuando por fin la encontremos?
Aprende a valorar lo positivo que hay en tu vida. Tus cualidades, tus aficiones, tus intereses, tus relaciones…
Disfruta de cada momento bueno que vivas a lo largo del día, estando sol@ o acompañad@. Disfruta del café con tu mejor amig@, del último capítulo del libro que estás leyendo, de ese momento de paz y tranquilidad cuando te echas a dormir después de un largo día, de la risa de un niño, de la luz del sol desapareciendo por el horizonte…

Si hay algo seguro en la vida es que llegamos solos y nos vamos solos.
Aprende a disfrutar de tu propia compañía, a cultivar tus cualidades e intereses, para luego poder compartirlos con los demás.
Tú eres el/la protagonista de tu propia vida, y cada día es una nueva oportunidad para aprender y disfrutar lo que ésta te ofrece ( sol@ o en compañía :) ).

jueves, 2 de septiembre de 2010

:: El gran discurso ::



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sábado, 24 de julio de 2010

:: El viaje vital ::



“En efecto, había pasado la primavera, y también el verano. Freddy, una de las hojas de aquel árbol junto al que el Principito cayó, era una hoja grande. Se parte central era amplia y fuerte, y sus cinco extensiones eran firmes y puntiagudas.
Se había asomado por primera vez a la vida en la primavera cuando era sólo un pequeño brote de una rama bastante grande, cerca de la cima de un alto árbol.
Freddy, la hoja, estaba rodeado por cientos de hojas iguales a él, o así lo parecían. Pronto descubrió que ninguna hoja era igual a otra, aun cuando estuvieran en el mismo árbol. Alfred era la hoja que estaba a su lado. Ben era la hoja de su derecha, y Clara era la hermosa hoja de arriba.
Todas habían crecido juntas.
Habían aprendido a bailar con las brisas de la primavera, a calentarse bajo el sol del verano y a lavarse en las lluvias refrescantes.
Pero el mejor amigo de Freddy era Daniel. Era la hoja más grande de la rama y daba la impresión de haber estado allí antes que todos los demás.
A Freddy le parecía que Daniel era el más sabio.
Fue Daniel quien les contó qu eran parte de un árbol y les explicó que crecían en un parque público. Fue Daniel quien les dijo que el árbol tenía raíces fuertes que estaban ocultas en la tierra, allá abajo. Les habló de los pájaros que iban a posarse en esa rama y cantaban canciones matinales. Les habló del sol, la luna, las estrellas y las estaciones.
A Freddy le gustaba mucho ser una hoja. Le gustaba su rama, le gustaban las leves hojas que eran sus amigos, su lugar cerca del cielo, el viento que lo empujaba de aquí para allá, los rayos del sol que le daban calor, las nubes que los cubrían con grandes sombras blancas.
El verano había sido especialmente agradable. Los grandes días de calor eran placenteros, y las noches cálidas, apacibles y ensoñadoras.
Ese verano hubo mucha gente en el parque. Con frecuencia iban a sentarse bajo la sombra de Freddy.
Daniel les dijo que el dar sombra era parte de su finalidad.
- ¿Qué es una finalidad? –había preguntado Freddy.
- Una razón para existir –había respondido Daniel.
- Hacer las cosas más agradables para los otros es una razón para existir. Dar sombra a los ancianos que vienen para escapar del calor de sus casas; ofrecer un lugar fresco para que los niños vengan a jugar; abanicar con nuestras hojas a las familias que vienen a hacer “picnic” y comen sobre manteles a cuadros...; todas estas son razones para existir.
A Freddy le gustaba en particular la gente mayor. Se sentaban tranquilos sobre la hierba fresca y casi nunca se movían. Conversaban en susurros de los tiempos pasados.
Los chicos también eran entretenidos, aunque a veces hacían agujeros en el tronco del árbol o tallaban sus nombres en él. Aun así, era divertido verlos moverse tan rápidamente y reírse tanto.
Pero el verano de Freddy pasó pronto. Se esfumó en una noche.
Freddy nunca había tenido tatno frío. Todas las hojas tiritaban. Estaban cubiertas con una delgada capa de blanco que se derritió rápidamente y las dejó empapadas de rocío, resplandecientes bajo el sol de la mañana.
Otra vez fue Daniel quien les explicó que habían vivido su primera helada, la señal de que ya era otoño y que pronto llegaría el invierno.
Casi enseguida, todo el árbol, en realidad todo el parque, se transformó en una llamarada de color. Apenas quedó alguna hoja verde. Alfred se había vuelto de un color amarillo pronfudo. Ben, de un naranja brillante. Carala se había vuleto roja como una llama; Daniel, púrpura profundo, y Freddy estaba rojo y dorado y azul. ¡Qué hermosos estaban todos...! Freddy y sus amigos habían convertido el árbol en un arco iris.
- ¿Por qué nos ponemos de diferentes colores –preguntó Freddy-, si estamos en el mismo árbol?
- Cada uno de nosotros es diferente del otro. Hemos tenido experiencias diferentes del otro. Hemos mirado al sol y hemos dado sombra de manera diferentes. ¿Por qué no habríamos de tener distintos colores? –dijo Daniel, realista.
Daniel le dijo a Freddy que esa estación maravillosa se llamaba “otoño”.
Un día sucedió algo muy extraño. Las mismas brisas que antes les habían hecho bailar comenzaron a empujarlos y a tirar de sus tallos, casi como si estuvieran enfadadas. Ésta fue la causa de que algunas de las hojas se quebraran y cayeran de sus ramas y fueran levantadas por el viento, sacudidas de un lado a otro, hasta posarse blandamente sobre el suelo.
Todas las hojas se asustaron.
- ¿Qué está sucediendo? –se preguntaban unas a otras en susurros.
- Lo que sucede en el otoño –les dijo Daniel-. Ha llegado el momento de que las hojas cambien de hogar. Algunas personas lo llaman “morir”.
- ¿Todas nosotras moriremos? –preguntó Freddy.
- Sí –respondió Daniel-. Todo muere, sea grande o pequeño, débil o fuerte. Primero cumplimos nuestra tarea. Sentimos el sol y la luna, el viento y la lluvia. Aprendemos a bailar y a reír. Luego morimos.
- ¡Yo no voy a morir! –dijo Freddy con determinación-. ¿Tú vas a morir, Daniel?
- Sí –respondió Daniel-, cuando llegue mi hora.
- ¿Cuándo será? –preguntó Freddy.
- Nadie lo sabe con certeza –respondió Daniel.
Freddy observó que las otras hojas continuaban cayendo, y pensó: “Debe de haber llegado su hora”.
Vio que algunas de las hojas se resistían a los golpes del viento antes de caer, y que otras simplemente se dejaban ir y caían mansamente. Pronto el árbol quedó casi desnudo.
- Tengo miedo a morir –le dijo Freddy a Daniel-. No sé qué es lo que hay allá abajo.
- Todos tememos lo que no conocemos, Freddy. Es natural –le tranquilizó Daniel-. Sin embargo, no tuviste miedo cuando la primavera se convirtió en verano. No tuviste miedo cuando el verano se transformó en otoño. Eran cambios naturales. ¿Por qué tendrías que temer a la estación de la muerte?
- ¿El árbol también muere? –preguntó Freddy.
- Algún día. Pero hay algo más fuerte que el árbol: la Vida. La vida es eterna, y todos somos parte de ella.
- ¿Adónde iremos cuando muramos?
- Nadie lo sabe. ¡Ése es el gran misterio!
- ¿Regresaremos en la primavera?
- Nosotros no, pero la vida sí –respondió Daniel.
- Entonces, ¿cuál ha sido la razón de todo esto? –siguió preguntando Freddy-. ¿Por qué estamos aquí? ¿Sólo para caer y morir?
Daniel respondió de manera objetiva:
- ¿Por qué? Por el sol y la luna; por los momentos felices que hemos pasado juntos; por la sombra y pos los ancianos y los niños y las familias; por los colores del otoño; por las estaciones. ¿No son razones suficientes?
Esa tarde, bajo la luz dorada del crepúsculo, Daniel se desprendió de la rama. Cayó sin esfuerzo. Y mientras caía, parecía sonreír apaciblemente.
- ¡Hasta pronto, Freddy! –dijo.
Después, Freddy quedó solo. Era la única hoja que permanecía en su rama.
La primera nieve cayó a la mañana siguiente. Era blanda, blanca y suave; pero era dolorosamente fría.
Casi no hubo sol ese día, que fue muy corto. Freddy notó que perdía el calor y se ponía quebradizo. No dejaba de hacer frío, y la nieve pesaba mucho sobre él.
Al amanecer llegó el viento que separó a Freddy de su rama. No le desanimó.
Mientras caía, vio el árbol entero por primera vez. ¡Qué fuerte y firme era! Estaba seguro de que viviría mucho tiempo, y el saber que había sido parte de esa vida lo lleno de orgullo.
Freddy fue a parar sobre un montículo de nieve. Era bastante blanda... y hasta cálida. En esta nueva posición, Freddy estaba más cómodo que nunca. Cerró los ojos y se quedó dormido. No sabía que después del invierno llegaría la primavera, y la nieve se derretiría y se transformaría en agua. No sabía que su ser, aparentemente seco e inútil, se uniría al agua y serviría para que el árbol se hiciera más fuerte. Y, sobre todo, no sabía que allí, dormidos en el árbol y en la tierra, ya había proyectos de nuevas hojas que nacerían en la primavera”.


Mi ser querido tiene alzhéimer. Cómo poner el corazón en las manos,
José Carlos Bermejo

jueves, 1 de julio de 2010

:: Hasta el final ::



“Isabel… ya he conseguido darte de comer con esa jeringuilla… no sufras más. Tranquilízate, que ahora te sentaré y pasaremos la tarde juntos. Hace ya tres años que no puedes hablar ni moverte. Últimamente te siento lejos… Por eso continúo hablándote, aunque nunca sepa hasta qué punto me entiendes…

Ahora ya no están todos los proyectos de futuro que compartimos, ese universo propio que nos mantenía unidos. Estás conmigo, pero a veces me siento perdido: eras mi confidente, mi apoyo, el motor de mis ilusiones. Sí… aquel día de enero –hace ya tres años y medio- en que me preguntaste quién era yo, ese universo nuestro estalló en mil añicos. Tú sabes que yo nunca he sido un hombre débil…, pero lloré. Ese día comprendí que no podía dejar que te fueras poco a poco…

Todo empezó aquel mes de mayo de 1990 en que estabas tan rara, ¿te acuerdas? Se te olvidaban los recados, te perdías en la calle, no traías las vueltas de la compra, cruzabas los semáforos en rojo… Estabas muy nerviosa, pero hacías esfuerzos por ocultarnos todos estos despistes que te humillaban. ¡Claro! A tus 55 años eras una de las secretarias mejor consideradas de aquella multinacional alemana. Una mujer inteligente, con carácter, siempre perfectamente arreglada desde las ocho de la mañana, con esos tacones que a mí me parecían altísimos para ir a trabajar. Nuestros hijos, Álvaro y Manuel, me decían que podrías tener alguna carencia vitamínica, o la menopausia, o algo así. Estábamos un poco preocupados, pero se acercaba el verano, y queríamos comprar aquella casita en la playa. ¡Tenías tanta ilusión…! Por las noches, cuando nos metíamos en la cama, me decías que querías soñar que paseábamos los dos, cogidos de la mano, playa arriba, playa abajo…

En septiembre, todo se precipitó: había que renovar tu carné de conducir, y no querías ir. Te resistías como gato panza arriba. Al final, te llevamos casi a rastras, y cuando te tocó firmar, con la mano temblorosa, no podías apenas cerrar un círculo. Me miraste asustada… Tú lo sabías. Por eso, no querías ir… No querías que lo notáramos…
Recuero como si fuera ayer que la segunda vez que te llevamos al escáner dijiste con voz triste: “¿Y para qué? Yo sé que cada día estoy peor. Me doy cuenta de que no me han dado tratamiento ni medicación”.

Sé que sufrías, y te humillaba que tus amigas te vieran en ese estado, en silla de ruedas. Llegó un momento en que no querías salir a la calle, porque sentías vergüenza de que te vieran así. ¡Siempre has sido tan presumida…!

Fue aquella semana de noviembre cuando mis oídos registraron por primera vez la palabra alzhéimer, y el mundo se me vino encima. No quise decírtelo para no preocuparte, pero me hundí. El médico no me dio ninguna solución, ningún tratamiento; sólo me dijo dos palabras: “Paciencia, hijo”. Era como si los médicos me dieran el pésame…

Desde el principio tuve que dedicarme a las tareas del hogar. No podía hacer un huevo frito sin que se rompiera, no sabía planchar, y me daba vergüenza tender la ropa: lo hacía a las cuatro de la mañana para que no me vieran los vecinos… ¡Qué estúpido! Las vecinas me decían que tenía que tender las camisas por el bajo, y yo hacía como si no fuera conmigo. Y además de todo eso, te bañaba, te peinaba y te vestía. Aquello era mucho para mí, e intenté contratar a una enfermera, pero era más de la mitad de mi sueldo, y ni siquiera te trataba bien. Entonces comprendí que con nadie estarías mejor que conmigo y con tu hijo Álvaro, porque el mayor estaba destinado en Canarias…

Isabel, perdóname porque no consigo meter en cintura esta casa, porque las labores del hogar me superan. Pero los besos, los abrazos y las caricias que te doy no te los va a dar nadie. La única idea que me atormenta es que estés sufriendo. Tus gemidos de dolor o de nerviosismo me atormentan y se me clavan en el corazón.

Esta mañana me he dado cuenta de que llevo tres días sin salir de casa y de que nadie me ha visitado. Te sigo teniendo, pero esta enfermedad terrible que atrapó tu cerebro, desintegrándolo, ha hecho que perdiéramos muchos amigos, una gran parte de la familia, las diversiones, las ilusiones… A veces me cuesta. Sé que tienes la capacidad de recibir la ternura que Álvaro y yo te damos. Quizás estés haciendo acopio de ese cariño, para cuando sufres más…

Hay quien me dice que tengo que vivir mi vida; pero, después de pensarlo mucho, siempre llego a la misma conclusión: mi vida está aquí, contigo. Los dos, de la mano, todas las tardes. Los dos, juntos por las noches. Mi vida eres tú, estés como estés. Lo único que quiero es estar aquí contigo y pasar las tardes juntos cogidos de la mano…

Lo único que le pido a Dios es que me deje morir después de ti. No quiero dejarte sola en este mundo sin ayuda, sin ternura. Nuestro hijo no aguantaría este peso él solo. Así que hazme un sitio cuando llegues al cielo. ¡Tengo tantas cosas que contarte…!”.

"Alzheimer: la enfermedad del nuevo milenio",
M. G. Blázquez

domingo, 29 de noviembre de 2009

:: Héroes invisibles ::



Todos hemos estudiado en nuestra etapa estudiantil algunos de los personajes más relevantes de la Historia. Son conocidos por sus hazañas y por todos los cambios que iniciaron en la estructura social y en el avance científico, y que supusieron la continuación de la evolución de la Humanidad hacia un nivel mayor de madurez espiritual.
Sin duda su labor fue muy importante y merecen ser homenajeados.
Sin embargo, en esta sociedad actual, donde el valor que tiene un ser humano se mide por su capacidad intelectual (demostrada con la posesión de innumerables carreras universitarias, másteres y gran cantidad de títulos), no se toma en cuenta la labor de muchas otras personas.
Gracias a los grandes científicos y a los maestros de las letras y las Ciencias Sociales, la Humanidad evoluciona día a día, aumentando nuestra esperanza de vida y alcanzando un mayor conocimiento de la realidad. Podríamos decir que el desarrollo de la especie humana es posible gracias al trabajo de estos héroes eruditos.
Pero mi intención es hablar de otro tipo de héroes. Yo los llamo héroes invisibles.
Estas personas no aparecen en los libros de Historia. No encontrarás información acerca de ell@s en Google si tecleas su nombre. No se habla de su labor en los medios de comunicación. Y sin embargo están ahí.
Son personas como tú y como yo.
Desempeñan trabajos comunes. Van al cine, leen el periódico, cocinan y pasean al perro. No hay nada en su vida diaria que los delate.
Entonces, ¿por qué son héroes? ¿qué les hace tan especiales?
Estas personas son héroes y heroínas porque tiene unos valores y unas ideas basadas en el Amor y en el altruismo, que ponen en práctica en su vida siempre que pueden. Son personas dispuestas a sacrificar parte de su tiempo para ayudar a otros, actúan como maestros para otras personas, transmiten alegría al resto de la gente y les ayudan a mejorar sus vidas.
Todos hemos conocido a personas de este tipo. No son conocidas por las cosas heroicas que hacen, porque ese tipo de heroísmo no importa en nuestro mundo.
Todos los héroes invisibles que he conocido han resultado ser personas bastante sencillas. La mayoría no tenía estudios, tan sólo los básicos. No eran conscientes de realizar una labor especial, ni mucho menos heroica. Pero yo creo firmemente que sí lo hacían.
Un héroe invisible puede ser aquella persona que cuida con amor y dedicación a su madre enferma; o aquella otra que dedica su tiempo libre a llevar a cabo actividades altruistas que mejoran la vida de un grupo de personas; o aquella persona que trabaja pluriempleada para procurarles un futuro a sus hijos.
L@s héroes y heroínas invisibles se suelen caracterizar por ser personas generosas, altruistas, sensibles y, sobre todo, humildes. Esta última característica es uno de los rasgos que más destacan en su personalidad.
Estos héroes invisibles conviven con nosotros, y merecen todo nuestro respeto y agradecimiento.
Puede que nadie sepa de su labor, pero sin ell@s, muchas personas quedarían desamparadas y a merced de este barco llamado “Humanidad” que se dirige hacia la iluminación intelectual, olvidando por el camino lo que en esencia nos hace personas.
La búsqueda del conocimiento es un deseo intrínseco en nuestra naturaleza, pero debemos tener claras dos cosas: la primera es que si el conocimiento no se utiliza a favor de TODO el mundo, no sirve de nada, tan sólo nos conduce a la autodestrucción como personas; y la segunda es que la sabiduría no se puede alcanzar por un solo camino, puesto que existe más de uno, y todos deben ser tenidos en cuenta, ya que sólo de esta manera podremos obtener una visión global de la autopista que nos conduce hasta la verdad.

:: Muchos Caminos... un sólo Destino ::




A lo largo de la historia de la Humanidad, muchos han sido los Iluminados y muchas las doctrinas que han pretendido arrojar luz acerca de la naturaleza intrínseca del Ser Humano y del papel que juega en este mundo.
Personas como Jesús, Buda, Mahoma o Santa Teresa de Jesús han tenido muy claro cuál es el objetivo de la existencia y de qué manera debe actuar el Ser Humano para desarrollar todo su potencial y hacer de este mundo un lugar mejor.
Todas las religiones y filosofías espirituales más relevantes del mundo coinciden en una serie de puntos: 1) Dios es Amor; 2) Hay que amar a los demás tanto como a uno mismo, ayudándoles en todo lo posible, ya que el beneficio colectivo repercutirá en el beneficio individual; 3) Estamos en esta vida para amar y aprender; 4) La Humildad es una de las mayores virtudes.
Las religiones se convierten en caminos, en guías, en portavoces de lo Divino. Nos acercan las enseñanzas más profundas y necesarias del Universo a través de distintos maestros. Todas buscan una misma verdad.
Difieren en las formas y en los rituales, pero la esencia es la misma: servir como guía a la Humanidad en su desarrollo espiritual.
En estos tiempos en los que vivimos, donde se venera al escepticismo y a la duda permanente, la Humanidad necesita conectar con lo Sagrado más que nunca.
Miles de personas en todo el planeta se sienten vacías, incompletas.
Llenan su vida de logros profesionales, bienes materiales, reconocimiento social… y se al final se preguntan: ¿esto es todo?
¿Por qué no me llena lo que se supone que es la Felicidad? ¿Por qué no me llena todo este éxito, toda esta gloria personal?
Porque la vida carece de sentido si se llena de cosas sin importancia, y se olvida lo que de verdad tiene valor.
Está claro que en nuestro mundo desarrollado y civilizado es necesario un trabajo que nos de de comer, una casa donde vivir y dinero para subsistir. Pero la persona no se compone tan solo de estas cosas.
También necesita desarrollar y explotar su parte espiritual. Y es aquí donde cumplen su papel las religiones.
Existen numerosas religiones y filosofías espirituales, cada una con sus particularidades, por eso es trabajo de cada uno el encontrar aquella que vaya con nosotros, que nos llene y con la que identifiquemos nuestros valores.
Por supuesto, no es obligatorio seguir una doctrina a rajatabla o tener que “encasillarse” en una religión.
Sin embargo, los maestros espirituales más relevantes dicen que es importante seguir una doctrina porque ésta nos marca un camino por el que seguir y desarrollar nuestra parte espiritual. El que siempre busca un camino que seguir y no se compromete con ninguna filosofía, al final se encuentra permanentemente perdido y hace de la duda su sendero.
Dentro de una religión podemos encontrar aspectos que nos gusten más que otros o con los que estemos más o menos de acuerdo.
Pero esto es igual que cuando queremos mucho a una persona, sea amig@, pareja o familiar. Podemos estar muy unidos a esta persona, compartir buenos momentos juntos y aprender mucho mutuamente, pero todo el mundo tiene defectos. Hay momentos en los que nuestras posturas frente a algunos temas no encajan, y por eso dejamos de quererla. Aceptamos a esa persona tal y como es y nos damos cuenta de que todo lo bueno que nos aporta nos compensa 1000 veces.
Tampoco hay que confundir los valores y las normas que establece una religión, con muchos de los sacerdotes que pretenden “representar” a esa religión en sí.
Toda religión está basada en unas ideas acerca de la existencia que fueron dadas a conocer por los primeros maestros de la misma. Con el tiempo, han sido muchas las personas que han interpretado y reinterpretado estas ideas, llevándolas en ocasiones a extremos equivocados o utilizándolas para sus propios fines.
Por eso es importante saber diferenciar a los que se autodenominan “iluminados” de los auténticos maestros; distinguir los adornos, de lo esencial.
Son muchos los caminos que nos conducen a la Verdad, pero la Verdad es siempre la misma y es única para todos.

miércoles, 24 de junio de 2009

:: He aprendido... ::




He aprendido... que cuando estás enamorado, se nota...
He aprendido... Que una persona diciéndome, "Me has alegrado el día"... alegra mi día.
He aprendido... Que ser niño es más importante, que estar en lo correcto.
He aprendido... Que siempre puedo rezar por alguien, cuando no tengo otro modo de ayudarlo.
He aprendido... Que no importa lo serio que la vida requiera que seas, todos necesitamos un amigo con el que podamos reír a carcajadas.
He aprendido... Que algunas veces, todo lo que una persona necesita, es una mano que sostener y un corazón que entender.
He aprendido... Que la vida es como una espiral. Mientras más se acerca al final, mas rápido camina.
He aprendido... Que debemos estar felices porque Dios no nos da todo lo que pedimos.
He aprendido... Que el dinero no compra la clase.
He aprendido... Que esas pequeñas cosas que pasan diariamente, son las que hacen la vida espectacular.
He aprendido... Que debajo del duro escudo de las personas, hay alguien que quiere ser apreciado y amado.
He aprendido... Que ignorar lo hecho... no cambia los hechos.
He aprendido... Que es el amor, no el tiempo... el que cura todas las heridas.
He aprendido... Que cada persona a la que conoces, merece ser obsequiada con una sonrisa.
He aprendido... Que nadie es perfecto... hasta que te enamoras de alguien.
He aprendido... Que las oportunidades nunca se pierden; alguien utilizará aquella que tú dejaste pasar.
He aprendido... Que desearía haber podido decirle a mi madre cuanto la quiero una vez más, antes de perderla para siempre.
He aprendido... Que uno debe decir palabras suaves y tiernas, porque más adelante puedes tener que tragártelas.
He aprendido... Que una sonrisa, es la manera más barata, de lucir mucho mejor...
He aprendido... Que no puedo elegir como me siento, pero puedo elegir que hago con respecto a eso.
He aprendido... Que todos quieren estar en la cima de la montaña, pero que toda la felicidad y experiencias agradables, suceden mientras se escala hacia ella.

sábado, 21 de marzo de 2009

:: Historia de una vida ::

Como siempre, por "casualidad", han llegado a mí estos 2 videos en los que el creador de la factoría Pixar, Steve Jobs, nos habla acerca de su vida. Puede que a priori parezca absurdo o aburrido escuchar lo que él dijo en este discurso dedicado a unos jóvenes universitarios, pero os recomiendo que lo escuchéis, porque nos enseña varias lecciones que deberíamos aplicar cada día de nuestra vida.
Espero que os guste! :)


domingo, 15 de marzo de 2009

:: La naturaleza del ser humano ::



“Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mi me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos… Cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, que yo sepa ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza; todas fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extraña sensación de que descubriréis que el amor en realidad está en todas partes…”


Así comienza una de mis películas favoritas, ‘Love Actually’. La película no habla acerca de la naturaleza moral del hombre (que es el tema que voy a tratar hoy), pero en este pequeño fragmento aparece un argumento que, en mi opinión, arroja bastante luz sobre el tema.

En los días que vivimos, en los que pueblos enteros mantienen luchas encarnizadas, donde los cada vez más ricos se siguen aprovechando de los cada vez más probres, y el planeta Tierra agoniza entre nubes negras y tierras desérticas, es lógico pensar en lo extremadamente crueles y egoístas que podemos llegar a ser los seres humanos.
Si preguntas a una madre palestina que acaba de perder a su único hijo de 5 años que piensa de los seres humanos, seguramente te dirá que son criaturas despreciables que merecen ser aniquilados por completo. En cambio, si esta misma pregunta se la haces a una madre cuyo hijo de 5 año se ha curado de un cáncer a manos de un médico experto, seguramente te responderá que los seres humanos son criaturas bondadosas y con un gran sentido de la solidaridad.
Son dos respuestas muy distintas, pero muy ciertas a la vez.

Desde el principio de los tiempos, los seres humanos se han preguntado acerca de su naturaleza. ¿Somos buenos o malos? ¿Nacemos con una moral definida y luego nos corrompemos (o nos desarrollamos positivamente como personas, según cómo se mire)? ¿Existe un Dios allá arriba que coloque la bondad o la maldad en nuestros corazones antes de que comencemos a existir?
Ya hace un tiempo que este tema me interesa bastante, y ello me ha llevado a buscar información, a leer y a preguntar, para poder así saber qué piensa la gente y con qué argumentos defienden su postura. Con toda la información que he conseguido (más la que tenía ya de antes) he elabadora una teoría propia, que modificaré con el tiempo si procede y que no deja de ser una opinión más. A continuación expondré lo que pienso.
Primero de todo, me gustaría decir que aunque mi educación espiritual ha sido predominantemente cristiana, con los años se ha ido modificando, y si ahora mismo me tuviera que definir, me definiría simplemente como “espiritual”.
Debido a esta “educación espiritual” creo en Dios y en otras cosas que influyen a la hora de interpretar la realidad que me rodea y a la hora de intentar entender el mundo.
Yo pienso que el ser humano es una criatura “neutral” (no encuentro otra palabra más válida para decir lo que quiero expresar). No creo que exista una bondad o una maldad innata.
Las personas religiosas seguramente pensarán que al provenir de Dios, las personas nacemos con el corazón rebosante de bondad, y que son nuestros actos a lo largo de la vida los que nos “corrompen” y nos guían hacia la maldad. Pensarán que aunque Dios nos ha otorgado el libre albedrío, la bondad siempre predominará en nuestros corazones.
Por el contrario, otras muchas personas que han vivido durante mucho tiempo situaciones de miseria, muerte y destrucción, no verán esa bondad innata en ningún sitio y tenderán a pensar que el hombre (y la mujer) son animales con una inteligencia desarrollada que no conocen palabras como “moral” o “amor”.
Por eso, a pesar de la educación que he recibido, no puedo dejar de preguntarme: si procedemos de Dios, ¿cómo es posible que podamos llegar a ser tan extremadamente crueles y malvados? Y la respuesta que he “encontrado” es: porque Dios nos dio un don tan importante como el de la Bondad o el Amor, y es la LIBERTAD.
La Libertad para elegir cómo vivir y qué opción escoger. La Libertad que nos diferencia de los animales y que nos permite actuar como las criaturas más bondadosas del mundo o las más despiadadas.
No creo que alguien sea bueno o malo por naturaleza. Creo que cada uno podemos escoger hacer el “Bien” o el “Mal” en cada momento, en cada alternativa que se nos presenta en la vida. Podemos elegir ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, o por el contrario, dañarles y aplastarlos.
Creo que la educación que recibimos desde pequeños, las distintas experiencias por las que pasamos a lo largo de nuestra vida y la influencia de todas las personas a las que queremos son factores determinantes a la hora de que una persona elija un camino u otro. Aunque también pienso, que en última instancia, la responsabilidad y el valor de elegir hacer el Bien o el Mal es personal, y está relacionado totalmente con nuestro libre albedrío.

Creo que toda persona “buena” puede caer en las garras del mal si aparece una opción lo suficientemente tentadora y las condiciones para ello son “favorables”. Lo único que puede luchar contra esto es el hecho de tener unos valores morales bien arraigados y en los que creamos profundamente.
También pienso que una persona “mala” guarda en su corazón un pequeño puntito de luz que puede aumentar e inundarlo todo con un revés del destino (y con su propia voluntad de cambiar, claro está).

Para terminar, me gustaría preguntar a aquellos que piensan que el ser humano es bueno por naturaleza... ¿Por qué el mundo tolera que millones de personas mueran de hambre cada año? ¿Por qué sigue existiendo la explotación infantil? ¿Por qué nuestro planeta muere cada día un poco más?
Y a todos aquellos que piensan que el ser humano a tocado fondo y que ya no hay un solo rayo de luz en su alma, les diría lo que dice el narrador al comienzo de la película que he citado antes: si somos todos tan malos, ¿por qué nuestras últimas palabras antes de morir siempre serían “TE QUIERO”?