Como siempre, por "casualidad", han llegado a mí estos 2 videos en los que el creador de la factoría Pixar, Steve Jobs, nos habla acerca de su vida. Puede que a priori parezca absurdo o aburrido escuchar lo que él dijo en este discurso dedicado a unos jóvenes universitarios, pero os recomiendo que lo escuchéis, porque nos enseña varias lecciones que deberíamos aplicar cada día de nuestra vida.
Espero que os guste! :)
Dudas existenciales, preguntas filosóficas, rayadas sentimentales, pensamientos, emociones, opiniones... Aquí encontrarás todo lo relacionado con la razón y el corazón.
sábado, 21 de marzo de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
:: La naturaleza del ser humano ::

“Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mi me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos… Cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, que yo sepa ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza; todas fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extraña sensación de que descubriréis que el amor en realidad está en todas partes…”
Así comienza una de mis películas favoritas, ‘Love Actually’. La película no habla acerca de la naturaleza moral del hombre (que es el tema que voy a tratar hoy), pero en este pequeño fragmento aparece un argumento que, en mi opinión, arroja bastante luz sobre el tema.
En los días que vivimos, en los que pueblos enteros mantienen luchas encarnizadas, donde los cada vez más ricos se siguen aprovechando de los cada vez más probres, y el planeta Tierra agoniza entre nubes negras y tierras desérticas, es lógico pensar en lo extremadamente crueles y egoístas que podemos llegar a ser los seres humanos.
Si preguntas a una madre palestina que acaba de perder a su único hijo de 5 años que piensa de los seres humanos, seguramente te dirá que son criaturas despreciables que merecen ser aniquilados por completo. En cambio, si esta misma pregunta se la haces a una madre cuyo hijo de 5 año se ha curado de un cáncer a manos de un médico experto, seguramente te responderá que los seres humanos son criaturas bondadosas y con un gran sentido de la solidaridad.
Son dos respuestas muy distintas, pero muy ciertas a la vez.
Desde el principio de los tiempos, los seres humanos se han preguntado acerca de su naturaleza. ¿Somos buenos o malos? ¿Nacemos con una moral definida y luego nos corrompemos (o nos desarrollamos positivamente como personas, según cómo se mire)? ¿Existe un Dios allá arriba que coloque la bondad o la maldad en nuestros corazones antes de que comencemos a existir?
Ya hace un tiempo que este tema me interesa bastante, y ello me ha llevado a buscar información, a leer y a preguntar, para poder así saber qué piensa la gente y con qué argumentos defienden su postura. Con toda la información que he conseguido (más la que tenía ya de antes) he elabadora una teoría propia, que modificaré con el tiempo si procede y que no deja de ser una opinión más. A continuación expondré lo que pienso.
Primero de todo, me gustaría decir que aunque mi educación espiritual ha sido predominantemente cristiana, con los años se ha ido modificando, y si ahora mismo me tuviera que definir, me definiría simplemente como “espiritual”.
Debido a esta “educación espiritual” creo en Dios y en otras cosas que influyen a la hora de interpretar la realidad que me rodea y a la hora de intentar entender el mundo.
Yo pienso que el ser humano es una criatura “neutral” (no encuentro otra palabra más válida para decir lo que quiero expresar). No creo que exista una bondad o una maldad innata.
Las personas religiosas seguramente pensarán que al provenir de Dios, las personas nacemos con el corazón rebosante de bondad, y que son nuestros actos a lo largo de la vida los que nos “corrompen” y nos guían hacia la maldad. Pensarán que aunque Dios nos ha otorgado el libre albedrío, la bondad siempre predominará en nuestros corazones.
Por el contrario, otras muchas personas que han vivido durante mucho tiempo situaciones de miseria, muerte y destrucción, no verán esa bondad innata en ningún sitio y tenderán a pensar que el hombre (y la mujer) son animales con una inteligencia desarrollada que no conocen palabras como “moral” o “amor”.
Por eso, a pesar de la educación que he recibido, no puedo dejar de preguntarme: si procedemos de Dios, ¿cómo es posible que podamos llegar a ser tan extremadamente crueles y malvados? Y la respuesta que he “encontrado” es: porque Dios nos dio un don tan importante como el de la Bondad o el Amor, y es la LIBERTAD.
La Libertad para elegir cómo vivir y qué opción escoger. La Libertad que nos diferencia de los animales y que nos permite actuar como las criaturas más bondadosas del mundo o las más despiadadas.
No creo que alguien sea bueno o malo por naturaleza. Creo que cada uno podemos escoger hacer el “Bien” o el “Mal” en cada momento, en cada alternativa que se nos presenta en la vida. Podemos elegir ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, o por el contrario, dañarles y aplastarlos.
Creo que la educación que recibimos desde pequeños, las distintas experiencias por las que pasamos a lo largo de nuestra vida y la influencia de todas las personas a las que queremos son factores determinantes a la hora de que una persona elija un camino u otro. Aunque también pienso, que en última instancia, la responsabilidad y el valor de elegir hacer el Bien o el Mal es personal, y está relacionado totalmente con nuestro libre albedrío.
Creo que toda persona “buena” puede caer en las garras del mal si aparece una opción lo suficientemente tentadora y las condiciones para ello son “favorables”. Lo único que puede luchar contra esto es el hecho de tener unos valores morales bien arraigados y en los que creamos profundamente.
También pienso que una persona “mala” guarda en su corazón un pequeño puntito de luz que puede aumentar e inundarlo todo con un revés del destino (y con su propia voluntad de cambiar, claro está).
Para terminar, me gustaría preguntar a aquellos que piensan que el ser humano es bueno por naturaleza... ¿Por qué el mundo tolera que millones de personas mueran de hambre cada año? ¿Por qué sigue existiendo la explotación infantil? ¿Por qué nuestro planeta muere cada día un poco más?
Y a todos aquellos que piensan que el ser humano a tocado fondo y que ya no hay un solo rayo de luz en su alma, les diría lo que dice el narrador al comienzo de la película que he citado antes: si somos todos tan malos, ¿por qué nuestras últimas palabras antes de morir siempre serían “TE QUIERO”?
Etiquetas:
naturaleza moral ser humano bien mal
lunes, 26 de enero de 2009
:: La niña que silenció al mundo ::
El 3 de junio de 1992 una niña de 12 años llamada Severn Suzuki (fundadora a los 10 años de Environmental Childrens Organization, con un grupo de amigos en Vancouver) se desplazó, junto a un grupo de niños (Vanessa Suttie, Morgan Geisler y Michelle Quigg) desde Canadá hasta la Conferencia de Medioambiente y Desarrollo "The Earth Summit" celebrada por la ONU en Río de Janeiro. Una vez allí dio este discurso:
lunes, 24 de noviembre de 2008
:: Ayúdanos... (Capítulo II) ::

Dios nos ha ofrecido un mundo para que lo disfrutemos. Lo ha llenado de alimentos para que podamos comer y nos ha otorgado mentes brillantes para solucionar los conflictos de manera pacífica o para crear medicamentos que luchen contra las enfermedades.
Dios nos ha dado la vida para que la disfrutemos al máximo, para que nos amemos, para que nos ayudemos mutuamente.
Y pese a esto, muchos siguen pensando que Dios no está en las situaciones de desgracia... ¿de verdad no está? ¿Y qué me dices de los profesionales (médicos, psicólogos, trabajadores sociales, etc.) que abandonan una vida acomodada y un suculento salario, que abandonan a su familia y amigos, en resumidas cuentas, que abandonan su vida para irse como voluntarios a los países más pobres del mundo o a zonas en guerra? ¿Y qué pasa con aquellas personas que dedican parte de su tiempo libre a luchar por los derechos de los demás o a trabajar como voluntarios en asociaciones? ¿Acaso no actúa Dios a través de ellos? ¿Acaso no ESTÁ Dios en ellos?
Dios nunca nos ha dejado de lado, a pesar de que muchos sí que lo han dejado de lado a Él...
Como digo, Dios nos da los recursos para solucionar los problemas que nosotros mismos hemos creado. ¿Pero y qué pasa con las catástrofes naturales? ¿Acaso nosotros tenemos la culpa de eso? Es cierta medida, así es. El conocido cambio climático está causando estragos en algunas zonas del planeta con enormes inundaciones y desvastadores huracanes.
Pero antes del proceso de industrialización, que es el causante de estos cambios repentinos en el clima, también había catástrofes naturales... ¿Qué pasa entonces con eso?
Hace unos años hubo una terrible inundación en Alemania (uno de los países más ricos del mundo). Esa misma inundación, de haberse producido en un país del tercer mundo hubiese acabado con cultivos, pueblos enteros e incluso con cientos de vidas humanas. Sin embargo, las únicas pérdidas fueron unos cuantos terrenos inundados. Ni una sola vida humana fue arrebatada.
Este ejemplo nos ayuda a comprender de qué forma afrontamos los seres humanos las catástrofes. Tenemos medios para prevenirlas, evitarlas y protegernos. El problema es que hemos puesto estos medios en unas pocas manos y hemos dejado al resto del mundo desprotegido.
En este caso, seguimos teniendo la posibilidad y la responsabilidad de vencer a los males que nos afectan.
En otros casos, cuando, por las razones que sea, la catástrofe se ha producido y ha dejado sumido en la miseria a un país entero, tenemos los recursos sufcientes para ayudar a que salga de su situación y se reponga.
No olvides que Dios se encuentra en los corazones de las personas, y que nos otorga un potencial ilimitado para que podamos vivir nuestras vidas de la mejor forma posible :D
:: Usa protector solar ::
Aquí os dejo este video que me pasó una amiga y que me gustó mucho. A ver qué os parece :D
:: Ayúdanos... (Capítulo I) ::

"No necesitamos que Dios haga lo que nosotros podemos hacer y no hacemos. No hay necesidad, ni valor, ni nada que ganar, si Dios salva lo que nosotros no queremos salvar. Un Dios que nos salva de las consecuencias de nuestros pecados colectivos es un Dios que nos arrebata la condición de criaturas y la reduce a servidumbre; que nos arrebata el valor de seres humanos y nos convierte en robots; que nos arrebata la dignidad humana y la convierte en una broma. Y, lo que tal vez es aún peor, hace de Dios el narrador de una obra teatral, llamada 'vida', que nosotros escribimos cada día por mandato del Ser al que llamamos Dios. Querer que Dios cambie el mundo puede ser el signo inequívoco de que hay algo que nosotros no somos capaces de hacer."
Este texto es un pequeño fragmento de una obra titulada En busca de la fe, de Joan Chittister (obra que recomiendo a todos aquellos creyentes, católicos, judíos, musulmanes, ateos, confusos... en fin, a todo persona con inquietudes espirituales que quiera conocer un poco más acerca de la naturaleza de Dios y el porqué de algunos de los dogmas defendidos por las religiones más importantes).
Desde el principio de los tiempos, hasta mediados del milenio pasado se creía que todo cuanto acontecía en la vida de los seres humanos estaba causado por Dios.
Dios era considerado el ser supremo que regía las leyes del universo. Pero también se creía de Él que era un dios envidioso y vanidoso, que siempre buscaba ser adorado por las criaturas que había creado.
Los seres humanos lo temían y lo amaban al mismo tiempo, por eso pensaban que su relación con Dios se basaba en un sistema de premio-castigo: aquellos que seguían los dogmas establecidos por las religiones (autodenomiadas las protavoces de Dios) eran premiados con riqueza en este mundo, o con la felicidad eterna en el otro; en cambio, los desgraciados que elegían vivir su vida al margen de las "enseñanzas divinas" eran castigados con la pobreza y la marginación social.
Con la llegada del racionalismo, la Ciencia puso en duda todo este planteamiento acerca del porqué de la vida y la existencia de Dios que se había estado desarrollando durante miles de años.
Las nuevas disciplinas científicas, tales como la medicina o la astronomía, dieron respuesta a muchos de los interrogantes para los que hasta ese momento la única solución era la mano invisible, a veces benévola y otras cruel, de Dios.
A pesar de todos los descubrimientos científicos que revolucionaron la visión del mundo y del universo que tenían aquellas personas, los hombres de ciencia no lograron demostrar la no existencia de Dios. De igual manera, los líderes espirituales y otros tantos sabios no lograron demostrar que hubiese "alguien" en alguna parte que escuchara sus plegarias.
Sin embargo, un argumento contra la existencia de Dios que caló hondo en aquel entonces y que todavía hoy se mantiene es el de: "si existiese un ser supremo caracterizado por su inmenso amor hacia todo ser viviente y su infinita comprensión, nadie moriría en el mundo de hambre ni por otra causa injusta".
Esta justificación de la no existencia de Dios engrosó de sobremanera el "bando" de los ateos. Unos seres humanos sumergidos en una nueva concepción materialista y finita de la existencia, que dejaba coja su parte espiritual, y que veían cada día cómo las guerras y otras atrocidades destruían a la humanidad, se sintieron de pronto confusos y solos, y decidieron que lo más fácil y lógico era aceptar que Dios no existía.
Es fácil comprenderles. Si de verdad Dios está ahí y de verdad nos quiere, ¿por qué permite que muramos de hambre? ¿Por qué las guerras masacran pueblos enteros? ¿Por qué enfermedades como el SIDA dejan huérfanos a miles de niños en todo el mundo?
Un dios cuya característica principal es el amor no lo permitiría... ¿Pero de verdad es Dios quien permite que todo esto pase? ¿O somos nosotros, los seres humanos? ¿Acaso no hay en el mundo suficiente comida para sobrealimentar a toda la población, suficientes recursos para prevenir el SIDA o suficientes alternativas pacíficas a la guerra?
Resulta sencillo culpar a Dios de todos los males que nos hacen sufrir. Pero en el fondo sabemos que nosotros tenemos los recursos para solucionarlos. Otra cosa es que prefiramos mirar para otro lado o enriquecernos a costa de la pobreza de otros...
[Sigue leyendo en el capítulo II]
Desde el principio de los tiempos, hasta mediados del milenio pasado se creía que todo cuanto acontecía en la vida de los seres humanos estaba causado por Dios.
Dios era considerado el ser supremo que regía las leyes del universo. Pero también se creía de Él que era un dios envidioso y vanidoso, que siempre buscaba ser adorado por las criaturas que había creado.
Los seres humanos lo temían y lo amaban al mismo tiempo, por eso pensaban que su relación con Dios se basaba en un sistema de premio-castigo: aquellos que seguían los dogmas establecidos por las religiones (autodenomiadas las protavoces de Dios) eran premiados con riqueza en este mundo, o con la felicidad eterna en el otro; en cambio, los desgraciados que elegían vivir su vida al margen de las "enseñanzas divinas" eran castigados con la pobreza y la marginación social.
Con la llegada del racionalismo, la Ciencia puso en duda todo este planteamiento acerca del porqué de la vida y la existencia de Dios que se había estado desarrollando durante miles de años.
Las nuevas disciplinas científicas, tales como la medicina o la astronomía, dieron respuesta a muchos de los interrogantes para los que hasta ese momento la única solución era la mano invisible, a veces benévola y otras cruel, de Dios.
A pesar de todos los descubrimientos científicos que revolucionaron la visión del mundo y del universo que tenían aquellas personas, los hombres de ciencia no lograron demostrar la no existencia de Dios. De igual manera, los líderes espirituales y otros tantos sabios no lograron demostrar que hubiese "alguien" en alguna parte que escuchara sus plegarias.
Sin embargo, un argumento contra la existencia de Dios que caló hondo en aquel entonces y que todavía hoy se mantiene es el de: "si existiese un ser supremo caracterizado por su inmenso amor hacia todo ser viviente y su infinita comprensión, nadie moriría en el mundo de hambre ni por otra causa injusta".
Esta justificación de la no existencia de Dios engrosó de sobremanera el "bando" de los ateos. Unos seres humanos sumergidos en una nueva concepción materialista y finita de la existencia, que dejaba coja su parte espiritual, y que veían cada día cómo las guerras y otras atrocidades destruían a la humanidad, se sintieron de pronto confusos y solos, y decidieron que lo más fácil y lógico era aceptar que Dios no existía.
Es fácil comprenderles. Si de verdad Dios está ahí y de verdad nos quiere, ¿por qué permite que muramos de hambre? ¿Por qué las guerras masacran pueblos enteros? ¿Por qué enfermedades como el SIDA dejan huérfanos a miles de niños en todo el mundo?
Un dios cuya característica principal es el amor no lo permitiría... ¿Pero de verdad es Dios quien permite que todo esto pase? ¿O somos nosotros, los seres humanos? ¿Acaso no hay en el mundo suficiente comida para sobrealimentar a toda la población, suficientes recursos para prevenir el SIDA o suficientes alternativas pacíficas a la guerra?
Resulta sencillo culpar a Dios de todos los males que nos hacen sufrir. Pero en el fondo sabemos que nosotros tenemos los recursos para solucionarlos. Otra cosa es que prefiramos mirar para otro lado o enriquecernos a costa de la pobreza de otros...
[Sigue leyendo en el capítulo II]
sábado, 18 de octubre de 2008
:: La Esencia ::
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